Rafael Urdaneta, el hombre que faltó en Carabobo
Aquejado por dolores que hacÃan insoportable la marcha, el general Rafael Urdaneta tuvo con pesar que entregar el mando en tierras larenses, impedido de acudir a la cota histórica de Carabobo
El prócer zuliano tuvo que permanecer en tierras del estado Lara por problemas con su salud
Prensa (C)/ 21.05.21).- Sufriendo fuertes dolores en la vejiga, Rafael Urdaneta, en la localidad de Siquisique, en mayo de 1821,se vio imposibilitado de continuar la marcha con sus soldados hacia San Carlos, donde se reunirÃa con BolÃvar. Con todo el dolor del mundo entregó el mando al coronel Antonio Rangel. Les desea que vayan con Dios y que la victoria los premie.
Don Ubaldo GarcÃa, un historiador tachirense residente en Boconó, estado Trujillo, conductor y productor de una serie de micros radiales titulados "Del Armisticio a Carabobo", narra la travesÃa de Rafael Urdaneta, quien habÃa partido de Maracaibo, toma a Coro, y luego bajaba hacia Barquisimeto, de acuerdo a las órdenes y las maniobras de distracción impartidas por BolÃvar.
GarcÃa, cuyos breves comentarios se transmiten por varias emisoras, entre ellas Radio Nacional de Venezuela, titula su micro "Los males de don Rafael". Allà relata la angustia del prócer zuliano, a quien el destino lo aparta de la cita con la gloria. Urdaneta en vida fue uno de los más fieles y leales amigos de El Libertador. Resistió seguramente dolor y angustia al no poder estar en la batalla final que decidirÃa la suerte de Venezuela.
GarcÃa ubica su relato el 15 de mayo de 1821. Hay calores sobre las tierras de Urumaco y Mitare, dice. La caravana de soldados se mueve lentamente. Son unos dos mil hombres. Salieron de Maracaibo, cruzaron la laguna y tomaron el largo camino junto a la costa desde donde se ve el azul del mar.
El general Rafael Urdaneta, prosigue Garcia, va al frente comandando el batallon Brillante, de reciente creación, Tiradores de la Guardia y unos 100 cazadores montados. Más de una semana han pasado en el tránsito por estas tierras. En las proximidades de Coro llegó una comisión de bienvenida conformada por el obispo Mariano Talavera, Antonio Urbina y José MarÃa Miyares, asegurando que la ciudad habÃa sido evacuada por los españoles y que ellos en representación de la población venÃan a ofrecer su sometimiento al Gobierno de la república. Dice Urdaneta en sus memorias: Paraguaná ha sido liberada unos dÃas antes por un grupo de milicianos animados heroicamente por la señora Josefa Camejo. Esta dama era la misma que estaba en la lucha desde los tiempos de la primera república. Se habÃa casado con uno de los Briceño Méndez, de Barinas. HabÃa conformado la emigración a Nueva Granada cuando cayó la segunda República, y la gente del llano acompañó a Urdaneta en la retirada gloriosa.
"Ahora se encontraban de nuevo. HabÃan transcurrido unos cuantos años pero la llama por la liberación seguÃa encendida. El ejército permaneció algunos dÃas en el descanso necesario. Don Rafael Urdaneta no estaba en su plenitud. SentÃa fuertes dolores en la vejiga, con dificultades para orinar. Y los movimientos en el caballo le provocaban muchos malestares.
Vinieron hombres de la serranÃa pidiendo participación. Se organizaron las tropas. El dÃa 15 de mayo de 1821 llegaron pliegos del cuartel general, instrucciones en boca del teniente coronel Diego Ibarra. BolÃvar le cuenta de los avances en ese plan general de operaciones y le recomienda marchar lentamente con los descansos necesarios para proteger a los hombres. Urdaneta nombra gobernador de Coro al coronel Juan Escalona, el sobreviviente de la matanza del terrible Boves en Valencia. Ha vuelto de su escondite y se incorpora con la fuerza viva de los hombres que nunca olvidarán el sueño de la libertad. La reunión será en San Carlos. Ya están libradas las órdenes y en marcha la carreta de la gloria hacia Carabobo.
Las penas del general Urdaneta por sus dolores son mayores en los próximos dÃas. No puede andar y se somete a una marcha lenta colgando en un coy, llevado por soldados. En Siquisique intenta levantarse y no puede andar. Los batallones deben seguir. Hay una cita con la historia que cumplir. Acepta su destino y con el dolor del guerrero entrega su mando y ve desfilar a sus hombres. Vayan con Dios y que la victoria los premie", narra GarcÃa.
El hombre de las responsabilidades
Rafael Urdaneta, nacido en Maracaibo, estado Zulia, el 24 de octubre de 1788, y fallecido en ParÃs, Francia, el 23 de agosto de 1845, estuvo junto a BolÃvar en momentos particularmente difÃciles y en batallas cruciales dentro del proceso de la guerra de independencia. Lo acompañó en la Campaña Admirable en 1813. Compartió triunfos con él en la primera batalla de Carabobo en 1814. Durante el acoso realista a Valencia, en 1814, BolÃvar le ordenó defender la ciudad hasta con su vida.
Tras la batalla de San Mateo, BolÃvar persiguió a José Tomás Boves, le dispersó el ejército y logró auxiliar a Valencia, donde Urdaneta con menos de 1.000 hombres habÃa resistido a Ceballos y Calzada que lo sitiaban con 4.000 hombres.
"Defenderéis a Valencia, ciudadano general, hasta morir", le habÃa ordenado el Libertador, indica Augusto Mijares, en su libro "El Libertador".
En los meses previos a la Campaña Admirable, en problemas, esperando ayuda y orden para invadir a Venezuela, BolÃvar es acusado por el coronel Manuel del Castillo, comandante general en Pamplona, de "infidencia al régimen federal". En ese momento recibe una carta de Urdaneta.
Es entonces cuando el Coronel venezolano Rafael Urdaneta le escribe a su jefe y compatriota, señala Mijares. "General, si con dos hombres basta para emancipar la patria, pronto estoy a acompañar a Ud". Era el comienzo de un voto de abnegación y de valor moral en que aquel austero oficial jamás desfallecerÃa; y si BolÃvar se llamó asà mismo "el hombre de las dificultades", a Urdaneta hubiera podido tildarlo con razón "el hombre de las responsabilidades", porque siempre estuvo dispuesto a asumir sin vacilar las más arduas y peligrosas".
La lealtad y amistad de Urdaneta para con BolÃvar se mantuvo hasta los últimos dÃas del caraqueño, en Santa Marta, ocupando el zuliano la presidencia de Colombia, la bolivariana. BolÃvar, quien siempre la manifestó su aprecio le obsequió el sable que llevaba en la batalla de Carabobo. Una réplica gigante de este sable engalanará la entrada al monumento de Carabobo, con motivo del bicentenario, dentro del conjunto de obras que se ejecutan en el lugar.
Fotos: CO