12FEBRERO1814 | La juventud caraqueña, al mando del general José Félix Ribas triunfa en la Batalla de La Victoria
El general Ribas arengó la gloriosa juventud en armas, dejando claro que sus pechos eran el único muro que podÃa detener el avance de los realistas hacia la ciudad de Caracas
"No podemos optar entre vencer o morir, necesario es vencer", exclamó Ribas a los jóvenes
Prensa MPP- Despacho (Ricardo Antequera/ 12.02.22).- El año terrible de 1814, se caracteriza por la ofensiva del sanguinario José Tomás Boves sobre los Valles del Tuy y Aragua contra la República. Al inicio de 1814 la situación de las fuerzas patriotas era devastadora. El mismo Boves habÃa derrotado el 3 de febrero al ejército patriota que mandaba el coronel Vicente Campo ElÃas en la primera Batalla de La Puerta. Posteriormente dividió las fuerzas realistas en tres columnas. La primera al mando de Francisco Tomás Morales, tenÃa orden de marchar hacia Caracas atravesando por la ciudad de La Victoria. La segunda columna al mando de Francisco Rosete también debÃa marchar hacia Caracas atravesando por los Valles del Tuy. Y la tercera columna al mando personal de Boves, quedarÃa en Villa de Cura como unidad de reserva, del dispositivo realista en su ofensiva contra la capital de la República.
El reclutamiento de los jóvenes estudiantes de Caracas
El contingente patriota se hallaba diezmado con la derrota en La Puerta, debido a que el coronel Campo ElÃas tuvo que retirarse en dirección hacia La Cabrera, dejando abierto el paso hacia la ciudad de Caracas. Al general Ribas no le quedó otra opción que acudir desesperadamente a Caracas para reclutar sin demora un contingente que pudiera sostener un dispositivo defensivo para proteger las zonas de aproximación a la capital. Lamentablemente no quedaban hombres disponibles, todos estaban en posesión de las armas de la República en situación de repliegue en las afueras de la ciudad; sólo estaban disponibles los jóvenes, casi niños, del Seminario y de la Universidad de Caracas, el último recurso de la patria fue aquella tropa bisoña.
La marcha victoriosa de las tropas bisoñas
Culminada la leva, el general Ribas solo pudo reforzar su columna con 1.500 combatientes en armas, formados en su mayorÃa por aquellos niños-soldados, que sabÃan que se inmolarÃan en defensa de la patria. La marcha se realizó con actividad desde la Plaza Mayor de Caracas donde Ribas arengó las tropas, en dirección a Las Adjuntas para atravesar el terreno montañoso de los actuales Altos Mirandinos, que desde San Pedro y Lagunetica conduce hacia los Valles de Aragua. El destino final de esa ruta de gloria era la ciudad de La Victoria, escogida como el terreno para establecer un emplazamiento defensivo, que debÃa resistir para evitar cortar las comunicaciones de la capital con el centro del paÃs.
Ante el avance precipitado de los realistas, no hubo tiempo para la instrucción militar de los jóvenes soldados en maniobras de infanterÃa, para la evolución de las formaciones en lÃnea y columna para dirigir el fuego. Como la batalla inminente era defensiva, se empleó el escaso tiempo disponible en el manejo básico del fusil, su carga, la instrucción de tiro desde posiciones estáticas (parapetos), en la comprensión de las voces de mando, y los toques de corneta y tambor para sostener la batalla.
La ciudad de La Victoria como campo de batalla
El teatro de operaciones escogido por el general en jefe José Félix Ribas y sus ayudantes fueron las mismas áreas internas de la ciudad de La Victoria. El despliegue se distribuyó desde la Plaza Mayor y la Iglesia, hacia todas las calles aledañas, cerrando las esquinas con parapetos apoyados con 5 piezas de artillerÃa de campaña abastecida con munición de metralla, formada por balas de bajo calibre, clavos y retazos de metal, para ser disparados a corta distancia sobre el ataque enemigo. La maniobra en la Batalla de La Victoria fue una clásica acción defensiva establecida por los patriotas, frente al ataque desbordante del ejército realista.
El amor por la patria se inmortaliza en La Victoria
El 12 de febrero de 1814, al rayar el alba el general Ribas arengó nuevamente a esa gloriosa juventud en armas, y les dejó claro que sus pechos eran el único muro que podÃa detener el avance de los realistas hacia la ciudad de Caracas, y con gallardÃa les exclamo sus célebres palabras: "No podemos optar entre vencer o morir, necesario es vencer".
Los fuegos se rompieron a las 9 de la mañana cuando se presentaron los realistas en las afueras de la ciudad. La columna de Francisco Tomás Morales era superior en número, apresto, y poder de fuego, eran tropas veteranas, formada por 900 soldados de infanterÃa, 2.500 soldados de caballerÃa, y una buena dotación de artillerÃa de campaña.
Desde las 8 de la mañana, nueve veces cargó Morales contra los emplazamientos patriotas, e igual número de veces fue rechazo por el valor impertérrito derramado por aquellos jóvenes valientes. Al caer la tarde, cerca de las cinco, el dispositivo patriota ya se veÃa comprometido, casi todas las municiones disponibles se habÃan disparado contra el ataque realista. En un momento decisivo donde pudo perderse la jornada, aparece la columna salvadora del coronel Vicente Campo ElÃas, en auxilio del holocausto de aquella juventud convertida por su hazaña en bizarros combatientes por la patria. El Libertador Simón BolÃvar al tener noticias de la gloriosa jornada, bautizó aquel ejército bisoño al mando de Ribas como "El Vencedor de los Tiranos en La Victoria".
La nación agradecida, en honor a aquel necesariamente inolvidable sacrifico, conmemora cada 12 de febrero el DÃa de la Juventud.
Foto: Óleo de MartÃn Tovar y Tovar. Colección del Palacio Federal Legislativo