7ABRIL1822 | Bicentenario de la Batalla de Bomboná


Los realistas estando en posición ventajosa para la infantería ejecutaban una verdadera masacre sobre las tropas de Bolívar.
El 7 de abril de 1822, hace 200 años, el Libertador Simón Bolívar libró la Batalla de Bomboná

Prensa MPP-Despacho (Ricardo Antequera / 07.04.22).- El 7 de abril de 1822, hace 200 años, el Libertador Simón Bolívar libró la Batalla de Bomboná, en Pasto al sur de la Nueva Granada, contra el ejército realista al mando del coronel Basilio García, esta acción fue la más sangrienta de toda la guerra en territorio neogranadino.

Durante la marcha hacia Quito del Ejército Libertador, que iba en apoyo a las fuerzas del general Sucre que operaban en el Ecuador, era imprescindible el paso por la población de Pasto.

La característica en el plan de operaciones fue que esa región permanecía hostil con armas en la mano, contra las instituciones de la República.

Pasto es una población encerrada en una región montañosa, rodeada de lomas, barrancos y peñascos, emplazada en las faldas del volcán Las Galeras, a una altura de 2.523 metros sobre el nivel del mar, al norte y al sur la bordean el curso de los ríos Juanambú y el Guáytara, caudales que desembocan en el Paita, para pasar de la Nueva Granada al Reino de Quito era imprescindible seguir la vía del Paita y de Pasto.

La población compuesta de blancos criollos, mestizos e indígenas era en su casi mayoría realista permaneciendo en estado de rebeldía contra Bogotá, apoyados por la larga distancia y lo abrupto del terreno.

Situación táctica previa a la Batalla de Bomboná

La Campaña Libertadora de la Nueva Granada había consolidado definitivamente la causa de la República en el año de 1819. Sin embargo la región del sur de la Nueva Granada se mantenía adversa.

A mediados de marzo de 1820 el gobierno se dispuso rescatar el Cauca y la Provincia de Pasto. Bolívar llamó del oriente de Venezuela al general Manuel Valdés para que abriera operaciones en esa zona, logrando la liberación de Popayán. Posteriormente le ordenó el avance para ocupar la mayor extensión de territorio previo al Armisticio de Trujillo en noviembre de 1820, Valdés también logró el objetivo alcanzando forzar el Juanambú y establecerse del otro lado del río; pero en febrero de 1821 fue derrotado por los pastusos, revelando que aquella región era una posición militar difícil de destruir.

Después del triunfo en la Batalla de Carabobo en 1821, el siguiente paso en el plan del Libertador, era emprender la Campaña de Liberación del Sur. Para adelantar el plan estratégico había enviado al general Antonio José de Sucre a Quito, por lo que 1822 sería el año de la liberación de ese territorio. Pasto era un obstáculo insalvable en las operaciones emprendidas.

El dispositivo defensivo realista el día de la batalla

En la mañana del 7 de abril de 1822, el coronel Basilio García se emplazó en posición defensiva en las alturas del Cariaco, en los terrenos aledaños entre de la Hacienda Bomboná y la población de Pasto. Su ejército estaba compuesto por cerca de 2.000 efectivos, con 400 hombres del ejército, y el resto eran milicianos pastusos expertos en la guerra de guerrillas en aquellos territorios. El dispositivo estaba integrado por tres batallones de infantería: Aragón, Cataluña y las Milicias de Pasto, apoyados por dos piezas de artillería de campaña, emplazas en batería aprovechando lo abrupto del terreno, con una buena dotación de metralla, munición efectiva para el disparo a corta distancia, que provoca destrozos sobre la masa de soldados. Estas bocas de fuego inicialmente defendían la entrada frontal de la Hacienda de Bomboná.

La maniobra de Bolívar en Bomboná

Luego de reconocer la posición enemiga, el Libertador entendió que era imposible un ataque frontal como fuerza de choque principal. La maniobra que ordenó fue un movimiento de flanco por las laderas del volcán, atravesando un sendero que con mucha dificultad podía ser atravesado para incursionar sobre la posición realista. El Ejército Libertador estaba integrado por los Batallones Rifles de La Guardia, Vencedor de Boyacá, Bogotá, Vargas, Cazadores de Neiva, y Húsares de La Guardia, con un contingente de 1.400 efectivos. Bolívar ordenó que el ataque se realizara con dos movimientos: el general Manuel Valdés con el batallón Rifles debía caer por el flanco derecho enemigo, y el general Pedro León Torres con dos batallones de infantería y dos escuadrones de caballería acometiera un ataque frontal.

A las tres de la tarde se rompieron los fuegos en un zanjón muy profundo entre Bomboná y Cariaco. Los realistas estaban parapetados detrás de unos peñascos en las alturas de las lomas, de modo que para atacar a los realistas el Ejército Libertador debía descender hasta el fondo del zanjón para escalarlo y ascender sobre ellos.

De manera que los realistas estando en posición ventajosa para la infantería ejecutaban una verdadera masacre sobre las tropas de Bolívar.

En el Boletín del Ejército Libertador del 8 de abril de 1822 podemos leer el relato de las maniobras: "El enemigo (...) ocupaba la posición más formidable que se puede concebir. Todo su frente se hallaba encubierto por una cañada que no tenía más que un paso, por un puente dominado, casi perpendicularmente por todos los fuegos cruzados de su frente, y aun de sus flancos. (...) La metralla hacía estragos horrorosos en aquella impavidísima Columna. Los fusileros enemigos dirigían sus fuegos con el acierto más funesto para nosotros".

Todos los batallones del ataque inicial jamás fueron doblegados, ninguno dio un paso atrás, pero fueron completamente destruidos en su formación de combate en cuestión de una hora. El ataque secundaria que ejecutaba el general Valdés también fue objeto de un fuego nutrido de fusiles y metralla de la artillería. El Rifles también debía descender zanjones para poder llegar a la posición realista, allí realizarían un verdadero despliegue de valor, el citado Boletín del Ejército señala más adelante: "Mientras tanto el señor general Valdés, pie a tierra, con la audacia y el talento militar que siempre lo han distinguido, trepaba por las faldas del volcán con el Batallón de Rifles por donde era realmente imposible".

Incursión heroica del Batallón Rifles salvó la jornada

El Batallón Rifles aguantó todo el fuego enemigo durante su movimiento, esta unidad pudo ascender hasta lo alto de la loma. "Las tropas para subir tenían que clavar las bayonetas para poderse apoyar, y dar un paso adelante. Esta falda estaba defendida por tres compañías selectas del batallón de Aragón; pero nuestros Rifles que fueron en este día superiores a sí mismos sin disparar un tiro, llegando a la bayoneta, dispersaron, mataron, e hirieron estas tres compañías que a culatazos pudieron defenderse".

Cuando llegan a la cima, lo abrupto del terreno no le dio la oportunidad al Batallón Rifles de formarse en línea para hacer fuego sobre el enemigo, por lo que optaron por el combate cuerpo a cuerpo, batiéndose con la punta de las bayonetas y las culatas del fusil, logrando contener al enemigo, y expulsarlos de la posición que dominaban. Con la incursión del Rifles, y en medio de la oscuridad de la noche, el ejército realista realizó un repliegue táctico abandonando el campo, para evitar ser destruidos. La persecución no pudo realizarse por el desconocimiento de un terreno con peñascos y barrancos, y ante la oscuridad de la noche era imposible distinguir al amigo del soldado enemigo.

¿Bomboná, victoria o acción indecisa?

A pesar que el Batallón Rifles del Ejército Libertador logró desarticular al ejército realista al expulsarlo del área de las operaciones, y dejando a las tropas de Bolívar como dueñas del campo de batalla, Bomboná es una acción militar que se puede definir como un empate o una acción indecisa. Las bajas en el Ejército Libertador fueron inmensas, y los realistas lograron retirarse dejando muy pocos muertos y heridos en el campo. Los republicanos quedaron dueños del teatro de las operaciones y de la artillería enemiga, pero la pérdida en los patriotas fue una verdadera masacre, que la tradición oral cuenta que el Libertador Simón Bolívar lloró sobre un gran peñasco, al presenciar los cuerpos despedazados de sus tropas.

Foto: Simón Bolívar. Óleo de José María Espinosa, 1856. Colección del Palacio de Miraflores.


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