16JUNIO1822 | Encuentro de Manuela y Simón I. El nacimiento de una Libertadora
El 16 de junio se conmemoran los 200 años del encuentro entre Manuela Sáenz y Simón BolÃvar
Manuela Sáenz a los 17 años. Óleo de Antonio Salas circa 1814. Colección Museo de Quito
Prensa MPP- Despacho (Ricardo Antequera / 10.06.22).-En el marco de la conmemoración el próximo 16 de junio, de los doscientos años del encuentro de Manuela Sáenz y Simón BolÃvar en la ciudad de Quito, el Despacho de la Presidencia se complace en presentar la vida y lucha de la Libertadora del Libertador. A través de cuatro ensayos biográficos conoceremos desde su nacimiento y primeras letras, la participación en la Independencia del Perú, el testimonio de BolÃvar sobre su personalidad recopilado en el Diario de Bucaramanga, y el rol de Libertadora que desempeñó durante la gesta independentista.
Quito la cuna de una Libertadora
Manuela Sáenz nace el 27 de diciembre de 1797 en la ciudad de Quito, en medio de los rigores de una sociedad colonial, regida por el decálogo cultural y social que imponÃa la iglesia católica. Era una sociedad estamental patriarcal, donde el rol principal lo desempeñaba el hombre. El rol de la mujer según los convencionalismos de la época estaba reducido a la vida en el hogar, procrear hijos, velar por su cuidado, y atender las necesidades de la familia en el que hacer del hogar. La educación formal, la participación polÃtica, y el ejercicio de los cargos de la administración del régimen colonial realista y en la milicia, estaban reservados exclusivamente para los hombres.
Era hija ilegÃtima de Simón Sáenz Vergara, español que ejercÃa como Regidor del Cabildo de Quito, y de la quiteña MarÃa Joaquina Aispuru. Sus primeros años de vida los tiene al lado de su madre, debido a que su padre estaba casado con otra mujer.
Testigo en la Declaración de la Independencia en Quito
Su infancia transcurre durante el convulsionado proceso polÃtico que llevarÃa a la sociedad de Quito, en ser la primera en protagonizar los movimientos independentistas en América del Sur. Cuando tenÃa 12 años de edad fue testigo presencial del movimiento que proclamó la independencia de Quito el 10 de agosto de 1809. Manuela y su madre se identificaron y apoyaron el pronunciamiento revolucionario. Su padre permaneció fiel a la corona, fue reducido a prisión, debido a que ejercÃa un cargo muy importante en la administración colonial, era el Regidor del Cabildo y se negó a prestar su apoyo. Sin embargo fue liberado al año siguiente al fracasar el movimiento.
Nuestra futura heroÃna presencia como fueron fusilados, masacrados y descuartizados en la plaza mayor todos los patriotas que fueron capturados, luego de fracasar en sus esfuerzos por la independencia de España. La dantesca escena de sangre y masacre marcó su memoria y le hizo albergar un profundo odio y sentimiento anti español.
Primeras letras y educación
Al poco tiempo de los sucesos revolucionarios muere su madre y queda huérfana. En adelante su padre se hizo cargo de su cuidado y educación, internándola en el Convento Santa Catalina donde la enseñaron a leer, escribir, rezar y a bordar. Sin embargo entrada ya en la adolescencia y rumbo a la madurez comienza a dar muestras de un recio carácter que la definirÃa por el resto de su vida. Decide fugarse del convento como muestra de rebeldÃa, y de animadversión a los convencionalismos de la sociedad de la época.
Su padre advierte en ella un profundo interés por el conocimiento, la literatura, la filosofÃa, y lo más escandaloso: la polÃtica. Manuela se forma en el pensamiento de los filósofos clásicos griegos, y al igual que el resto de los rebeldes de Hispanoamérica, decide beber del conocimiento de la FilosofÃa de la Ilustración que entra de contrabando en América en los buques mercantes ingleses.
Edad madura y matrimonio
En la sociedad colonial se establecÃa que la mujer estaba bajo la tutela de su padre, y que llegada a una edad considerada madura, esa tutela paterna pasarÃa a las manos de su esposo al contraer matrimonio. Pese a su carácter recio, Manuela no escapó de ese convencionalismo, fue obligada por su padre a contraer nupcias con el médico y rico comerciante inglés James Thorne. Sin embargo Manuela se atrevió a romper el molde, poniendo ciertas condiciones para acceder a casarse con el inglés. Contrae matrimonio en el año 1817 a los 20 años de edad y se radica en la ciudad de Lima con su esposo donde vive entre los años 1819-1820. En esa ciudad le esperarÃa el destino ese mismo año de 1820 que la forjó como Libertadora.