16JUNIO1822 | Encuentro de Manuela y Simón III. Manuela Sáenz en el Diario de Bucaramanga
Bolívar: "Manuela es la mujer más maravillosa que he visto jamás. Astuta, valiente y la más fiel"
Manuela Sáenz. Óleo de José María Espinosa, 1828. Colección Museo de Antioquia
Prensa MPP- Despacho (Ricardo Antequera / 14.06.22).- Durante su estancia en la ciudad de Bucaramanga, en el año 1828, mientras se reunía la Convención de Ocaña, el Libertador estuvo acompañado en su séquito por el coronel francés Luis Perú De Lacroix. Este personaje se dedicó a tomar nota de las conversaciones que tuvo con Bolívar, llevándolas en forma de diario, en la mayoría de las ocasiones tomando citas textuales. Estas notas lo acompañaron hasta su trágica muerte en París en 1837, y fueron publicadas póstumamente con el título "Diario de Bucaramanga".
De los textos atribuidos al manuscrito de la primera parte del Diario de Bucaramanga, tomados de la obra "Manuela, sus diarios perdidos y otros papeles", editado en Quito por Carlos Álvarez Saá en el año 2005; extraemos el testimonio de Bolívar sobre Manuela, que fue publicado por el Ministerio del Poder Popular para la Comunicación e Información en el año 2009.
El testimonio de Bolívar sobre Manuela
"Su Excelencia se levantó hoy con un poco de ánimo para salir de paseo a caballo. Regresó más alegre y conversador, así que aproveché para que me hiciera algunas confidencias sobre sus sentimientos de él acerca de mi Señora Manuela:
"¿Me pregunta usted por Manuela o por mí? Sepa usted que nunca conocí a Manuela. En verdad, ¡Nunca terminé de conocerla! ¡Ella es tan, tan sorprendente! ¡Carajo yo! ¡Carajo! ¡Yo siempre tan pendejo! ¿Vio usted? Ella estuvo muy cerca, y yo la alejaba; pero cuando la necesitaba siempre estaba allí. Cobijó todos mis temores".
Su excelencia hizo aquí una pausa y luego pronunció: "¡Siempre los he tenido!, ¡Carajos!" (S.E. interrumpió su coloquio y me miró suplicante, fijamente, como tratando de averiguar algo; bajó la cabeza y pensé que se había dormido; pero empezó nuevamente a hablar). Usted Lacroix la conoce: ¡Todos, todos la conocen! No, no hay mejor mujer. (...) ¡Encuentre usted alguna!
Ésta me domó. Si, ¡ella supo cómo! La amo. Si, todos lo saben también. ¡Mi amable loca! Sus avezadas ideas de gloria; siempre protegiéndome, intrigando en mi favor y a la causa, algunas veces con ardor, otras con energía. (...) Mis generales holgaron en perfidia para ayudarme a deshacerme de mi Manuela, apartándola en algunas ocasiones, mientras yo me complacía con otras.
(...) "El gran poder está en la fuerza del amor". Sucre se lo dijo.
Manuela siempre se quedó. No como las otras. Se importó a sí misma y se impuso a su determinación incontenible, y el pudor quedó atrás y los perjuicios asimismo. Pero cuanto más trataba de dominarme, más era mi ansiedad por liberarme de ella.
Fue, es y sigue siendo amor de fugas. ¿No vé? Ya me voy nuevamente. Vaya usted a saber. Nunca hubo en Manuela nada contrario a mi bienestar. Sólo ella. Si, mujer excepcional, pudo proporcionarme todo los que mis anhelos esperaban en su turno.
Mire usted. Arraigó en mi corazón y para siempre la pasión que, despertó en mí desde el primer encuentro.
(...) Nuestras almas siempre fueron indómitas para permitirnos la tranquilidad de dos esposos. Nuestras relaciones fueron cada vez más y más profundas. ¿No ve usted? (...) De mujer casada a Húsar, secretaria y guardián celoso de los archivos y correspondencia confidencial personal mía. De batalla en batalla a teniente, capitán y por último, se lo gana en el arrojo de su valentía, que a mis generales atónitos veían; ¡coronel! ¿Y qué tiene que ver el amor a todo esto? Nada.
Lo consiguió ella como mujer (¡era de armas tomar!). ¡Y lo otro? Bueno, es mujer y así ha sido siempre, candorosa, febril, amante. ¿Qué más quiere usted que yo le diga? (...)"
(Presiento que esta será la última vez que S. E. me hable así, tan descaradamente: si, de sus sentimientos de él hacia mi señora Manuela). Hubo un silencio largo y S.E., exaltado los ánimos, se fue sin despedirse. Iba acongojado, triste; balbuceando: "Manuela, mi amable loca…"
Su Excelencia empezó el día muy entusiasta, hasta que jugó cartas con Wilson y Briceño, al término, despachó alguna correspondencia y leyó otras que llegaron.
Luego apartándose de sus ayudantes me llamó y me pidió disculpas por su comportamiento de ayer me dijo: A usted le sobra paciencia y a mí no. Se quedó quieto, casi mudo y luego agregó: Manuela es la mujer más maravillosa que he visto jamás. Astuta, graciosamente indómita e irresistible, con ansias de poder y valiente y la más fiel.
(Su Excelencia ya lo había dicho antes y en repetidas ocasiones, pero para él es importante recordármelo)."
Bibliografía
Luis Perú de Lacroix
Diario de Bucaramanga
Caracas, MINCI, agosto 2009, pp. 309-314.