13OCTUBRE1822 | Hoy hace 200 años BolÃvar escribió el poema Mi Delirio sobre el Chimborazo
La pieza literaria del Libertador mantiene vigente su reflexión sobre el universo y el tiempo
Mi delirio sobre el Chimborazo. Óleo de Tito Salas, 1930. Casa Natal del Libertador
Prensa MPP- Despacho (Ricardo Antequera / 13.10.22).- Hoy 13 de octubre de 2022 conmemoramos el Bicentenario del poema Mi Delirio sobre El Chimborazo. Esta pieza literaria del Libertador Simón BolÃvar es una alegorÃa elaborada con toda intención poética, fue escrita probablemente en Riobamba. Muchas son sus facetas conocidas: militar, estadista, constitucionalista, Libertador; pero hay una en la que es muy poco conocido. El BolÃvar escritor lo conocemos a través de sus famosos discursos, proclamas y las miles de cartas que escribió. Entre sus escritos célebres conocemos El Manifiesto de Cartagena, su primer documento público. El Decreto de Guerra a Muerte. La Carta de Jamaica. El Discurso del Congreso de Angostura. También escribió una obra única de estilo histórico y biográfico que fue, Resumen sucinto de la vida del general Sucre.
Poema Bicentenario
Dentro del inmenso volumen de escritos que produjo a lo largo de toda su vida, solamente tomó la pluma en dos oportunidades con toda la intención de escribir en estilo poético. El vivac de la batalla lo inspiró para desplegar una faceta que poco conocemos, el BolÃvar poeta. La primera vez que escribió en versos, fue en un fragmento de la carta que dirigió en 1813 al padre del niño héroe, que fue herido en la Batalla de Los Horcones. La otra pieza literaria que escribió como todo un hermoso poema, fue Mi Delirio sobre El Chimborazo, el 13 de octubre de 1822.
Después de la victoria de Pichincha, BolÃvar permaneció varios meses en Ecuador planificando la futura Campaña Libertadora del Perú. Durante su estancia decide ascender al volcán Chimborazo para coronar su altura. Es muy probable que haya sido motivado por el mismo naturalista Alejandro von Humboldt, a quien conoció en ParÃs en el año 1805. Durante la jornada de ascenso, y en medio del intenso frio, el cuerpo de BolÃvar experimentó la falta de oxÃgeno en su cerebro, y en medio de esa condición pudo haber tenido una revelación sobre el padre tiempo, que lo inspiró a escribir Mi Delirio sobre El Chimborazo.
En medio de su prosa, ¿qué nos revela BolÃvar en su poema? Leamos el texto, y a la caÃda de cada grano de arena que marca el paso del tiempo, de ese reloj de arena que es la historia, interpretemos su contenido visionario y libertario.
Mi delirio sobre el Chimborazo
"Yo venÃa envuelto en el manto de Iris, desde donde paga su tributo el caudaloso Orinoco al Dios de las aguas. HabÃa visitado las encantadas fuentes amazónicas, y quise subir al atalaya del Universo. Busqué las huellas de La Condamine y de Humboldt; seguÃlas audaz, nada me detuvo; llegué a la región glacial, el éter sofocaba mi aliento. Ninguna planta humana habÃa hollado la corona diamantina que pusieron las manos de la Eternidad sobre las sienes excelsas del dominador de los Andes. Yo me dije: este manto de Iris que me ha servido de estandarte, ha recorrido en mis manos sobre regiones infernales, ha surcado los rÃos y los mares, ha subido sobre los hombros gigantescos de los Andes; la tierra se ha allanado a los pies de Colombia, y el tiempo no ha podido detener la marcha de la libertad. Belona ha sido humillada por el resplandor de Iris, ¿y no podré yo trepar sobre los cabellos canosos del gigante de la tierra?
¡Sà podré! Y arrebatado por la violencia de un espÃritu desconocido para mÃ, que me parecÃa divino, dejé atrás las huellas de Humboldt, empañando los cristales eternos que circuyen el Chimborazo. Llego como impulsado por el genio que me animaba, y desfallezco al tocar con mi cabeza la copa del firmamento: tenÃa a mis pies los umbrales del abismo.
Un delirio febril embarga mi mente; me siento como encendido por un fuego extraño y superior. Era el Dios de Colombia que me poseÃa. De repente se me presenta el Tiempo bajo el semblante venerable de un viejo cargado con los despojos de las edades: ceñudo, inclinado, calvo, rizada la tez, una hoz en la mano…
"Yo soy el padre de los siglos, soy el arcano de la fama y del secreto, mi madre fue la Eternidad; los lÃmites de mi imperio los señala el Infinito; no hay sepulcro para mÃ, porque soy más poderoso que la Muerte; miro lo pasado, miro lo futuro, y por mis manos pasa lo presente. ¿Por qué te envaneces, niño o viejo, hombre o héroe? ¿Crees que es algo tu Universo? ¿Que levantaros sobre un átomo de la creación, es elevaros? ¿Pensáis que los instantes que llamáis siglos pueden servir de medida a mis arcanos? ¿Imagináis que habéis visto la Santa Verdad? ¿Suponéis locamente que vuestras acciones tienen algún precio a mis ojos? Todo es menos que un punto a la presencia del Infinito que es mi hermano".
Sobrecogido de un terror sagrado, «¿cómo, ¡oh Tiempo! -respondÃ- no ha de desvanecerse el mÃsero mortal que ha subido tan alto? He pasado a todos los hombres en fortuna, porque me he elevado sobre la cabeza de todos. Yo domino la tierra con mis plantas; llego al Eterno con mis manos; siento las prisiones infernales bullir bajo mis pasos; estoy mirando junto a mà rutilantes astros, los soles infinitos; mido sin asombro el espacio que encierra la materia, y en tu rostro leo la Historia de lo pasado y los pensamientos del Destino».
"Observa -me dijo-, aprende, conserva en tu mente lo que has visto, dibuja a los ojos de tus semejantes el cuadro del Universo fÃsico, del Universo moral; no escondas los secretos que el cielo te ha revelado: di la verdad a los hombres".
El fantasma desapareció.
Absorto, yerto, por decirlo asÃ, quedé exánime largo tiempo, tendido sobre aquel inmenso diamante que me servÃa de lecho. En fin, la tremenda voz de Colombia me grita; resucito, me incorporo, abro con mis propias manos los pesados párpados: vuelvo a ser hombre, y escribo mi delirio".