14DICIEMBRE2022 | Los últimos momentos del Libertador Simón Bolívar en 1830
Últimos momentos del Libertador. Óleo sobre tela, Antonio Herrera Toro, 1883. Colección Museo Bolivariano de Caracas.
El 10 de diciembre el Libertador Simón Bolívar decide dictar su última proclama y hacer su testament
Prensa MPP- Despacho (Ricardo Antequera / 14.12.22).- Después de separarse formalmente del mando luego de su renuncia a la presidencia, y muy seriamente afectado en su salud, el lunes 5 de mayo de 1830, el Libertador Simón Bolívar abandona definitivamente la ciudad de Bogotá, capital de la República de Colombia, siguiendo la ruta hacia las costas de Cartagena de Indias, con el propósito de abandonar el país hacia Europa, en busca de mejoría para su estado de salud. El Libertador padecía una grave afección pulmonar que lo mantenía en un estado físico muy deteriorado.
En el tránsito hacia la costa se detuvo en varios puntos, buscando el mejor clima para temperar. El 10 de julio de ese año recibe la terrible noticia, del asesinato del Gran Mariscal de Ayacucho general en jefe Antonio José de Sucre, a quien consideraba su sucesor político. Con la muerte del Abel de América, como lo llamó, la suerte de la República estaba echada. Con este hecho fatal, toma la decisión de exiliarse definitivamente. La muerte de Sucre desvaneció toda esperanza de mantener su proyecto político de unión gran colombiana. En Venezuela, su tierra natal, su persona había sido proscrita, prohibiendo incluso que ingresara a Venezuela. Desde el nuevo gobierno se impuso inclusive, la condición de no tener relación política con la Nueva Granada, mientras el Libertador permaneciera en ese territorio.
De Cartagena a Santa Marta
En la espera del pago de sus haberes por sus servicios prestados, la salud del Libertador agravó mucho debido al clima frío de Bogotá. En la evaluación médica recibida a su llegada a Cartagena, los médicos tratantes le recomendaron el clima seco de Santa Marta. Bolívar dejó todos los baúles con su equipaje en Cartagena, bajo el cuidado de la casa comercial inglesa Powles y compañía, con el encargo de enviarlos para Europa. Esta es la razón por la cual, al momento de su fallecimiento, cuando fueron a vestir su cadáver para los funerales, no contaba con su vestimenta, por lo cual uno de sus albaceas y amigo, el general José Laurencio Silva ofreció una de sus camisas.
A su arribo a Santa Marta, el español Joaquín de Mier pone su hacienda San Pedro Alejandrino a la orden para hospedar al Libertador, quien la ocupa el día 6 de diciembre con su salud ya muy deteriorada. Allí recibiría los cuidados del médico francés Alejandro Próspero Reverend, quien emplea un tratamiento consistente en brebajes y aplicación de sangrías en la espalda, práctica común en la época para la afección pulmonar, porque se tenía la idea que con la sangría se renovaba la sangre en los pulmones.
Testigos de los últimos momentos del Libertador
El séquito que acompañaba a Bolívar hasta su última morada estaba integrado por los generales venezolanos José de la Cruz Paredes, Mariano Montilla, José Laurencio Silva, José María Carreño, su sobrino Fernando Bolívar, su mayordomo José Palacios, el pintor neogranadino José María Espinosa, Joaquín de Mier propietario de la quinta, y el médico francés Alejandro Próspero Reverend quien le prestó atención y lo cuidó hasta el momento final de su vida.
De uno de estos personajes presentamos un relato sobre la llegada de Bolívar a Santa Marta, recopilado por Manuel Landaeta Rosales, en su obra "Dos próceres de la Independencia, el licenciado Juan Antonio Rodríguez Domínguez. El general José de la Cruz Paredes". Este célebre historiador caraqueño del siglo XIX, recopila el testimonio del general José de la Cruz Paredes durante la llegada del Libertador a su última morada:
"Cuando debilitadas ya sus fuerzas Bolívar intentó vanamente recorrer a caballo la pequeña distancia que media entre la ciudad y la Quinta de San Pedro Alejandrino, Paredes iba a su lado, lo tomaba para trasladarlo del caballo al coy y del coy al caballo, hasta que el héroe cediendo a la triste evidencia de su debilidad física se decidió a rendir la jornada en litera".
"Apenas sentía en mis brazos –decía con tal motivo el noble veterano- al hombre que desde el Orinoco hasta el Potosí nos había conducido, lleno de genio y de brío, por el camino del honor y la victoria".
Ramón Azpúrua, otro historiador venezolano también del siglo XIX, recopila la actuación leal de otro militar venezolano, Comandante Militar de Santa Marta. En su obra, Biografías de hombres notables de Hispanoamérica, tomo 1, nos dice:
"Bolívar está proscrito en la patria que libertó, y va a buscar asilo en la tierra que libertó Montilla y que preservó siempre con su noble ejemplo, del contagio del desorden y de la ingratitud. (...) Montilla le consuela como amigo, y le tributa como hombre público las más grandes consideraciones de respeto y de veneración, y se muestra no sólo amigo y magistrado, sino representante de todos los que, en Colombia, en América, y en el mundo liberal hubieran querido borrar en el alma excelsa de Bolívar, en aquellos supremos momentos, las impresiones dolorosas con que lo martirizaron la calumnia y la ingratitud. De este modo cumple aquel, en época de traiciones y de perfidias, los deberes sacrosantos de la amistad que ofreció hasta la muerte, sin cuidarse de los sinsabores que su conducta pudiera acarrearle en las turbaciones que daban preponderancia a los injustos enemigos de Bolívar. Rasgo de lealtad caballerosa, que no puede olvidarse al delinear los que formaban el carácter público y privado de Montilla, pues que esa virtud fue en el origen de sus más grandes resoluciones y de las simpatías numerosas que le rodearon siempre y aún del antagonismo que estas le suscitaban".
Última proclama del Libertador
El doctor Reverend emite una serie de boletines diarios sobre el estado de salud del ilustre paciente, sin embargo, a pesar del tratamiento la mejoría no se presenta. Ante la presencia de intensas fiebres y el delirio del paciente, en los momentos de tranquilidad durante su padecimiento, el 10 de diciembre el Libertador Simón Bolívar decide dictar su última proclama y hacer su testamento.
"Santa Marta, 10 de diciembre de 1830
SIMÓN BOLÍVAR
Libertador de Colombia
A los pueblos de Colombia.
Colombianos:
Habéis presenciado mis esfuerzos para plantear la libertad donde reinaba antes la tiranía. He trabajado con desinterés, abandonando mi fortuna y aun mi tranquilidad. Me separé del mando cuando me persuadí que desconfiábais de mi desprendimiento. Mis enemigos abusaron de vuestra credulidad y hollaron lo que me es más sagrado, mi reputación y mi amor a la libertad. He sido víctima de mis perseguidores, que me han conducido a las puertas del sepulcro. Yo los perdono.
Al desaparecer de en medio de vosotros, mi cariño me dice que debo hacer la manifestación de mis últimos deseos. No aspiro a otra gloria que a la consolidación de Colombia. Todos debéis trabajar por el bien inestimable de la Unión: los pueblos obedeciendo al actual gobierno para libertarse de la anarquía; los ministros del santuario dirigiendo sus oraciones al cielo; y los militares empleando su espada en defender las garantías sociales.
Colombianos! Mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la Unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro.
Hacienda de San Pedro, en Santa Marta, a 10 de Diciembre de 1830. 20º.
SIMÓN BOLÍVAR".
La Última Proclama del Libertador fue una reflexión profunda tanto de su sacrificio por la patria, como del rol que todos debían desempeñar en el mantenimiento de la unión. Este documento fue publicado en la ciudad de Cartagena, en la imprenta de Manuel M. Guerrero.