6FEBRERO1818 | El general José Antonio Páez demuestra su arrojo asombroso en la Toma de las Flecheras
Foto: Toma de las Flecheras. Óleo de Arturo Michelena
Páez en un acto heroico ejecutó la maniobra que permitió la captura de embarcaciones fluviales
Prensa MPP- Despacho (Ricardo Antequera / 06.02.23).- Durante la ejecución de la Campaña del Centro en el año 1818, se produjo la primera entrevista o encuentro entre el Libertador Simón BolÃvar y el general José Antonio Páez en el Hato de CañafÃstola, Provincia de Apure el 30 de enero de 1818. Después de la reunión de fuerzas entre ambos jefes militares, abrieron operaciones sobre las fuerzas enemigas. No pasó mucho tiempo para que el centauro de los llanos hiciera despliegue de su valor, y sacrificio por la patria. Ante la presencia de BolÃvar, el general Páez ejecuta una maniobra militar para capturar unas embarcaciones fluviales realistas, que se conocen como cañoneras. Eran lanchas ligeras armadas con cañones de mano amunicionados con metralla.
El 6 de febrero BolÃvar decidió que el Ejército Unido Libertador, con una fuerza de 4.000 efectivos, debÃa cruzar el rio Apure por un punto conocido como el Paso del Diamante. Pero las embarcaciones patriotas no arribaron en el tiempo previsto, poniendo en peligro de ser descubierta la maniobra del ejército. Al otro lado de la margen del rÃo las fuerzas realistas tenÃan apostadas una pequeña flota de lanchas flecheras. El general Páez, sin más planificación que desplegar el arrojo asombro del llanero apureño, se lanzó a ejecutar una maniobra sin más planificación que el arrojo asombroso.
La maniobra narrada por Páez en su AutobiografÃa
"Hallábase BolÃvar en los llanos de Apure con sus tropas desfallecidas de hambre y sin medios de proporcionarse vÃveres para el ejército, a menos que no hiciera una marcha tortuosa de muchas leguas, lo cual no le permitÃa la debilidad de las tropas si no llegaba al punto donde deseaba, atravesando el rÃo Apure, en cuya opuesta pacia una multitud de ganado a vista de las hambrientas tropas. Esto último no podÃa llevarse a efecto, porque no tenÃa BolÃvar embarcaciones de ninguna clase, ni madera para construir balsas, y también porque el enemigo tenÃa en medio del rio siete flecheras bien armadas y tripuladas. BolÃvar, desde la orilla, lo observaba todo, lleno de desesperación, y se paseaba a lo largo de aquella cuando Páez, que le habÃa estado contemplando, se le acercó a caballo y le preguntó la causa de su inquietud".
"S.E. le dijo: "DarÃa el mundo entero por apoderarme de la escuadrilla española, porque sin ella no puedo cruzar el rio y las tropas no pueden marchar". "Dentro de una hora será de Usted", replicó Páez. "Imposible! dijo BolÃvar, y la gente debe perecer".- "De mi cuenta corre", dijo Páez, y se alejó a galope. A los pocos minutos volvió trayendo su Guardia de honor, compuesta de trescientos lanceros, escogidos entre los principales por su ya experimentado valor y fuerza, y llevándolos a la orilla del rio les dijo estas breves palabras: "Debemos apoderarnos de esas flecheras o morir. Sigan a su tÃo "los que quieran". Al mismo tiempo picando las espuelas a su caballo, se lanzó con él al rio y le hizo nadar en dirección a la escuadrilla".
"Siguióle la Guardia con las lanzas en la boca, nadando con un brazo y acariciando con la otra mano los cuellos de los caballos, animándolos a nadar contra la corriente y dando voces para ahuyentar la multitud de caimanes que habÃa en el rio. Llegaron asà a los botes, y montando los caballos se lanzaron de sus lomos a bordo de aquellos,, guiados por su jefe y con gran admiración de los que los observaban desde la orilla del rio, se apoderaron de todas las flecheras. A oficiales ingleses perecerá inconcebible que un cuerpo de caballerÃa, sin más armas que las lanzas, ni otro medio de transporte que el caballo en la rápida corriente de un rio, ataque y tome una escuadrilla de cañoneras, en medio de una multitud de caimanes, per por extraño que parezca el hecho, es cierto, y existen hoy muchos oficiales de Inglaterra que pueden dar testimonio de él".
Los detalles de la maniobra
Bajo el mando del catire Páez, se unieron los tenientes coroneles José de la Cruz Paredes y Francisco Aramendi, comandando un escuadrón de 25 jinetes cada uno. Los soldados se despojaron de la vestimenta, para evitar ser divisados por el enemigo mientras cruzaban a nado el rio Apure. Nadando al lado de sus caballos, atravesaron furtivamente el rió, llevando las lanzas mordiéndolas con los dientes. Cuando se aproximaban a las flecheras, se apoyaron sobre la montura de sus caballos, impulsándose para poder abordar las embarcaciones, y seguidamente batirse en combarte cuerpo a cuerpo con las tropas enemigas.
Procedieron a capturar las flecheras, pasándolas a la otra margen del rÃo, para que el ejército al mando de BolÃvar pudiera emplearlas para poder cruzar al ejército. De esta manera el Ejército Unido Libertador pudo encaminarse hacia los llanos de Calabozo, sin ser detectado su movimiento por el general español Pablo Morillo que tenÃa su cuartel general muy cerca, en la posición fuerte de San Fernando de Apure.